viernes, 26 de agosto de 2011

Naciendo a los 40

Santa Mónica es como una Ciudad aparte, las callecitas que se cuelan entre las subidas y bajadas me sacaron por un momento de Caracas y me llevaron a otra ciudad, una donde las casitas y las pendientes forman parte de lo cotidiano. Llegamos a la clínica la asistente de dirección  y yo después de dar algunas vueltas. El vigilante de la puerta era una mezcla entre Sherlock Holmes y el equipo de CSI Venezolano pero sin dientes. Era amable pero incisivo, no sé porque pensé que sería de Los Andes al principio cuando se acercó a nosotros…
"Ustedes están seguros de que la doctora está aquí o está en los consultorios? Averigüe bien para que no se de el viaje y para que le rinda el tiempo"
Después de la llamada respectiva para verificar que era en ese lugar, entramos Luisa y yo dejando atrás al vigilante con su sonrisa fragmentada. La Dra. llegó a los pocos minutos y nos hizo pasar por varios pasillos que a mi entender comunicaban casas unidas después de muchas remodelaciones hasta que se armó la clínica.  
"Sócrates es el actor que interpretará al personaje del médico obstetra, por eso queremos hacerte algunas preguntas" dijo Luisa...
La Dra. inició con energía su verbatum.  Al principio su discurso fue directo, profesional, descriptivo, con pocos espacios para hacer preguntas. (Siempre me sucede que cuando pregunto me quedo a medias o interrumpido, nunca he sabido en que parte de mi interlocutor entrar para preguntar, no mido el tamaño de la pausa y siempre me quedo con las preguntas atragantadas...) Poco a poco sus palabras se fueron llenando de una calidez particular, detrás de ellas había emociones e historias personales que podía ver claramente pasar ante mis ojos por las transformaciones de su rostro. De repente ella misma dijo: "Quieren preguntar algo?"
Aproveché y las hice todas. Algunas de ellas requerían que pasáramos al sitió donde se realizaban los partos, a "la bañera"...  
"La relación del médico con la madre no es una relación de poder en nuestra forma de trabajar, nosotros sólo estamos allí para asistirla y ella decide como quiere que sea el parto. Es un ritual íntimo y personal"
Poco a poco me fui metiendo en esa atmosfera hasta que me descubrí sentado en el piso al pié de la bañera imitando a la Dra. en la posición en que recibía al niño, metiendo las manos y tomando al bebe imaginario mientras flotaba en el agua, palpando su cordón umbilical y llevándoselo al pecho a la madre mientras le decía las palabras de apoyo y empatía que la Dra. había mencionado. Toda esa secuencia me llevó a tratar de entender porque esa ahora Dra. cálida y entregada en sus palabras había decidido traer niños al mundo de esa manera. Pero ella solita lo explico y logró conmoverme:

"Fui a visitar a mi hermano que estaba enfermo y supe que había un parto en Agua, yo los hacía tradicionales, pedí permiso para entrar, lo hice y lloré a mares, desde entonces no he podido dejar de hacerlos de esta manera"
Eso me impulso a hacer mi petición, aún con algo de vergüenza, "¿Crees que sea posible que yo asista a alguno?"
"Por allí hay una mamá que debe estar casi lista... Vamos a ver..."  Dijo ella.
La Dra. salió un momento y Luisa y yo nos transformamos en niños que se quedaron solos en un cuarto de juguetes. Me agache, me senté en el banco, imaginé a la mamá en todas las posiciones posibles mientras Luisa (Tenana)  tomaba fotos como loca de cada secuencia pensando en cómo serían los ángulos de cámara, posiciones, planos, etc.
Al rato la Dra. (Que ya era simplemente Carmen) me llamó y me dijo:
"Aquí está Anais, ella está dispuesta a que ustedes la acompañen, te la presento”
Una sonrisa enorme y blanquísima nos recibió a Luisa y a mí, de inmediato y a pesar de nuestra vergüenza y aún sin saber que decirle, nos presentó a su esposo, hermana, mamá y demás miembros de la familia que la acompañaban. Ella me miraba limpiamente a los ojos, como encantada de que yo estuviera en ese ritual íntimo y que eso me sirviera para plasmar un personaje. Su generosidad y la de su pareja logró intimidarme. Allí estaba yo parado en el umbral de la puerta mientras ella hacía el trabajo de parto y manejaba sus contracciones. Después de explicarme detalladamente cómo había sido y mientras su esposo ya me había hecho casi su compadre explicándome el tiempo que había durado la contracción y el tiempo entre cada una de ellas, pude entrar un poco más al cuarto mientras Luisa llamaba a Miguel, nuestro director, para contarle la fortuna de lo que estaba ocurriendo.

Luego de muchas contracciones, sonrisas, reportes de tiempo, preguntas sobre la película y ver pasar a la enfermera y a Carmen mas de 15 veces llegó Miguel. Nuevamente con otra gran sonrisa y a pesar del dolor, Anais le hizo saber que era bienvenido al alumbramiento. No había pasado más de una hora cuando Miguel y yo estábamos alrededor de Anais en la bañera. La imagen era conmovedora, ella respiraba profundo con pasión y seguridad, su esposo la acompañaba junto con la Dula que le daba ánimo permanentemente con frases cálidas y amables y Carmen miraba todo desde afuera, se acercaba casi sin hacerse notar en momentos particulares y para chequear con un enorme respeto como marchaba el proceso. Estábamos dos invitados en ese espacio mágico que cada vez que nos mirábamos veíamos reflejadas en nuestras caras la sorpresa, emoción, disfrute, y fortuna de estar allí presentes. Mientras yo registraba cada detalle con mis ojos Miguel lo hacía con la función de video de su cámara y nos convertimos así en unos cómplices-testigos de lo que sucedía.
De repente y con un grito profundo y sentido, vimos salir al bebe nadando debajo del agua…fueron pocas brazadas pero parecían montones. Las manos de Carmen lo recibieron y lo alzaron para depositarlo inmediatamente en el pecho de la mamá:
“Dale la bienvenida a tu hija”
Ya veía todo nublado, no por el calor sino por mis lágrimas. Miguel y yo éramos los únicos que llorábamos sin poder contenerlo, llanto mezclado con risa al vernos las lágrimas de cocodrilo que contrastaban con las sonrisas y cara de felicidad de los presentes.


Casi dos meses después mis manos estaban bajo el agua haciendo una de las innumerables tomas del parto, las cosas no pasaron como exactamente las había imaginado antes del rodaje, fueron sólo segundos…pero la verdad de haber estado en aquel nacimiento y la información y vivencia que experimenté fluyeron por completo para permitir que ocurriera uno de los aprendizajes más intensos que viví en “Azul, Rosa y no tan Rosa”.

2 comentarios:

  1. Qué linda experiencia! Y es IMPERATIVO: NO DEJES DE ESCRIBIR! Qué facilidad para comunicar que tienes!

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  2. Qué hermoso, querido Sócrates. Recuerdo ese día y aquella emoción indescriptible. Gracias por ayudarme a reproducir ese momento en "Azul, Rosa y no tan Rosa"... Fue mágico.

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