Ella tenía una sonrisa amplia detrás del mostrador de la aerolínea, sus dientes eran muy blancos y brillaban con la luz del día que se reflejaba en los vitrales del aeropuerto. "Que tenga excelentes vacaciones en Margarita Sr. Serrano, se lo merece" Yo quedé frío ante la sorpresa de que supiera que tomaría unos días para desconectarme... porque lo único que había dicho al llegar era "Buenos Días".Decidí ir al baño, mis zapatos chillaban al rozar en el piso pulido y al entrar sentí un olor silvestre y agradable. No sólo podía verme en el espejo que era tan transparente como en aquel cuento de Lewis Caroll, sino también en las baldosas de las paredes, en los grifos de los lavamanos, etc. Parecía uno de esos baños de hoteles americanos donde provoca acostarse a dormir.
Luego de esperar un rato y comprobar que faltaban 15 minutos para el despegue, una voz melodiosa por un parlante local indicaba que era el momento de pasar al avión. Me toco entrar de primero por estar en las últimas filas junto con el resto de pasajeros que de manera ordenada y dandose paso unos a otros se distribuían en el avión. Una aeromoza, dos, tres, hermosas, perfumadas con rico aliento, sólo sonreían y daban los buenos días. No tuve que hacer nada. De manera ágil y efectiva cada una de ellas en diferentes partes de mi recorrido por el avión se encargaron de dirigirme a mi asiento, colocar mi bolso de mano y asegurarse de que me sentara y leyera el periódico de mi elección. "Estamos contentos que viaje con nosotros y que nos eligiera como su alternativa de transporte".
El piloto hablaba tan claramente y con tan excelente dicción que podía sentir que estaba en el asiento de al lado. Su voz era cálida y nos invitaba a relajarnos en este vuelo de 35 Min a la isla. "Pedimos disculpas por nuestro retraso de 2 minutos para el despegue debido exclusivamente a temas del clima que escapan de nuestro control" terminó.
"Porlamarrrrrrrr, ya nos fuimosssss... Flaco te quedaaaaaasss!!!!"
Me desperté con el grito de la persona que recibía los boletos frente a la puerta de embarque después de 3 horas de espera. Los empujones, tropiezos y palabrotas de los otros pasajeros terminaron de sacudirme hasta el avión en donde me recibía una chica que me miraba como si yo fuera el culpable de que ella se levantara tan temprano para estar allí. Le mostré el boleto y su respuesta fue señalar el asiento haciendo una trompita con la boca sin emitir sonido alguno.
Sigue siendo posible. No pierdas la sonrisa.
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